Los relatos de Iria Fariñas se suceden entre el gozo de narrar y labelleza de lo narrado. Con una palabra poética que no alivia latensión de lo que cuenta, sino que la incrementa, con una dulzuraenvenenada, la autora se fija en lo que hacen las niñas cuando nadielas mira, en vidas adolescentes que conocen la desesperación, a vecesel colapso y también el delirio, en las sombras que se forman en losclaustros y en la rebeldía de unas criaturas que son subterráneas, que han soportado durante demasiados años el hastío de ser ellas mismas o que esperan y esperan aunque no sepan qué. Pilar Adón