Las cuestiones que conmueven profundamente al ser humano se han planteado siempre asociadas a lugares, calificados como sacros, que han ido transformándose en paralelo a la evolución humana de la consciencia. Para Carl Jung la arquitectura era una extensión física de la psique, que actuaba como refugio del alma y era al mismo tiempo una herramienta de individuación. La modernidad, obsesionada con la Razón, ha provocado que sentimientos profundos como el miedo, el valor, la clarividencia, la locura o el éxtasis hayan quedado relegados a una intimidad abstracta, sin espacio. La falta de atención relativa a nuestro yo más profundo dificulta el equilibrio benéfico entre nuestras ciudades, edificios y viviendas con nosotros mismos.La relación entre aquellos anhelos atávicos y los lugares donde hoy habitamos requería un estudio actualizado que contemplara la reacción del inconsciente colectivo con la producción arquitectónica contemporánea. Desde esta hipótesis referencial y partiendo del templo de Apolo en Delfos ùprimer edificio habitado por un daimónù se contrastan sus características clásicas co