Viajé un mes a Suecia por una beca de escritura. Un mes sin ver a misniños. Con sorpresa, y según pasaron los días, mi hijo Teo se sintiódesolado por mi ausencia y lloró y lloró. Le propuse que nosescribiéramos cartitas minúsculas a diario para hablar el uno con elotro imaginariamente, como si nos contáramos confidencias al oído.He aquí nuestro diálogo epistolar, un viaje íntimo.