AA.VV
El mar del color del vino, que diría Homero, nos ha llamado desde tiempos inmemoriales. Nos ofrece el peligro y el sustento, la aventura y el regreso al hogar, un mundo más allá del nuestro y la promesa de la gloria. Y si hay una obra que nos transporte al mar y sus abismos es la Odisea, de Homero -o de muchos Homeros-. Ahora bien, es una obra que también navega, además del por el brumoso Ponto, por una geografía mítica y una época ambigua, que abarca desde el final del mundo micénico hasta el emergente arcaísmo griego, entre el mito y la historia. En ella encontramos actitudes, ideales, nombres, ciudades y objetos de distintas épocas que se mezclan creando un mundo particular e ideal. Esto nos permite acercarnos, con cuidado y rascando capas, a sociedades superpuestas, y a una religiosidad que aunaba el miedo a la naturaleza y el ansia de prosperidad. Así, como las sirenas que, en realidad, ofrecían conocimiento y poesía sin límites, podemos adentrarnos en un número sobre una obra eterna, que ha permanecido intacta a lo largo de los siglos, pero, a la vez, que ha mutado en mil historias más, de forma astuta