«Estaba triste, abatido, cansado de la vida. El destino me había arrebatado a seres queridos, había arruinado mis proyectos, había reducido a la nada mis esperanzas». Así comienza este libro de culto para varias generaciones de lectores. ¿Qué le había ocurrido a su autor, Élisée Reclus? Sin duda, estaba al borde de la desesperación. Y la montaña le salvó la vida. En los años inmediatamente anteriores a su escritura, Reclus, geógrafo excepcional y fiero militante anarquista, había perdido de forma sucesiva a los dos grandes amores de su vida: Clarisse y Fanny fallecieron ambas al dar a luz. Entonces Reclus trató de olvidar esta doble tragedia tomando las armas y liderando, junto a otros camaradas, el proceso revolucionario de la Comuna de París, que pretendía fundar una sociedad nueva, libre e igualitaria. Tras la derrota del movimiento insurgente, tuvo que huir para evitar ser fusilado. Y encontró refugio en la montaña. Podría decirse, por tanto, que éste es un libro sobre el poder sanador de la naturaleza. Pero sería absurdo reducirlo a eso. Pues Reclus, uno de los grandes intelectuales de la M