Todo comienza tras la catástrofe de Aberfan, en 1966, cuando un alud de residuos mineros sepulta una escuela y mata a 116 alumnos, prácticamente todos los que vivían en el pueblo. En medio del duelo nacional, un psiquiatra británico, John Barker, descubre que muchos de los alumnos habían tenido premoniciones de la tragedia: hicieron dibujos, tuvieron sueños? pero nadie los creyó. Una alumna de diez años le contó a su madre: «He soñado que iba al colegio y no había colegio. Algo negro lo había cubierto todo». A la mañana siguiente, murió sepultada en el edificio. Barker era un hombre contradictorio. Médico formado en Cambridge, miembro de la Society for Psychical Research, estaba empeñado en transladar los límites de la psiquiatría hacia territorios que sus colegas consideraban absurdos. Y se obsesiona con lo ocurrido: ¿y si esas intuiciones pudieran estudiarse, clasificarse y permitir anticipar desastres futuros? Entonces lanza una convocatoria pública. Empiezan a llegar centenares de cartas que hablan de sueños premonitorios y visiones inquietantes. Así nace la Oficina de Premoniciones, un expe