Una lectura llena de calidez y sensibilidad acerca de lo efímero de la vida, la importancia de las relaciones humanas y el valor del tiempo que nos queda. Martin, un abogado de setenta y seis años, recibe el inesperado diagnóstico de una enfermedad terminal. Felizmente casado con una mujer mucho más joven que él y padre de un niño pequeño, deberá enfrentarse a una pregunta ineludible: ¿cómo vivir plenamente sus últimos meses?Martin se niega a caer en el dramatismo y se entrega a una rutina metódica y serena: poner en orden el tiempo que le queda y despedirse de su familia dejándoles un recuerdo preciado y perdurable de su existencia en común. Lo hace sin estridencias, mediante una serie de gestos modestos y ordinarios pero llenos de calidez y dignidad. Cancela compromisos, deja de contestar correos, dedica las horas a disfrutar del día a día con su hijo y reflexiona sobre qué legado puede dejarle.Comienza a escribirle una carta, aunque pronto se da cuenta de que su amor y su presencia valen más que cualquier testimonio. También observa con cierta inquietud que su esposa parece tener otra vida más allá de su