Aláhispanista inglés, Charles David Ley, le encantaba recorrerlasácalles de Madrid, aprendiéndose sus nombres. Le atraían plazascomo la de Santo Domingo, o de las Descalzas, «rodeadas de ciertascalles estrechas y en cuesta que se llamaban costanillas, laCostanilla de los Ángeles, por ejemplo. [?] Yo quería conocer losdiablos que habitaban esta ciudad fascinante». Los dos librosmemorialísticos que componen susáRecuerdos literarios,áLa costanillade los diablosáyáLa cueva de Salamanca,áahora reunidos, constituyenuna crónica fresca, objetiva y sugestiva de aquellos años y aquellasvidas, imprescindibles para historiadores de nuestra literatura de laposguerra española. No son muchas las memorias de aquellos escritores(quizá no deseosos de recordar aquella España) y carecemos detestimonios vívidos de muchas de aquellas tertulias y aquellaspublicaciones poéticas. Páginas imprescindibles para los últimos añosde Baroja, impagables en lo que se refiere a Cernuda en Londres, decuya etapa tan poco sabemos; apasionantes evocando las aventuras deese desenfadado y ultra fascista, pero estimable poeta, Roi Campbellpor Salama