La esclavitud ha recorrido las épocas y los espacios, se halla registrada desde las primeras culturas escritas y pervivió en las que han legado tradiciones orales. En los países de la Península Ibérica y en gran parte de las regiones bañadas por del Mediterráneo, la esclavitud pervivió por más tiempo y con mayor arraigo que en el resto de la Europa tardo-antigua. Resurgió en los siglos XV y XVI con un nuevo fundamento étnico-africano en el contexto de la expansión atlántica, de la conquista y colonización de América por castellanos y portugueses, en la que los africanos esclavizados se convirtieron en actores indispensables, levantándose sobre su aprovisionamiento un negocio colosal. La gestión de las personas sometidas fue acompañada desde fecha temprana por leyes, ordenanzas y reglamentos que regulaban la propiedad, el comercio y el castigo. El derecho positivo y el consuetudinario, las sucesivas adaptaciones en los territorios peninsulares y después a las condiciones americanas, nos ofrece una travesía sin fin de ideas legales y de regulaciones que acompañaban a esa otra travesía constante de personas som