Que exista algo que «ya no», implica que haya algo que sí, que fue, que, real o imaginario, ocurrió para una y ocupó un lugar y un espacio, fue propio. Lo que sí existió queda, de esta manera, en el fondo: en los sueños, en los lapsus linguae, en el estar a solas. Por otra parte, en todo lo que «ya no» habita algo nuevo, porque precisamente para que algo sea, es necesario que haya algo que haya dejado de ser. Y es por eso que nunca se debe confundir lo que ya no es con la ausencia, con algo vacío o muerto, con materia inerte.
María Paz Otero