MANUEL PIMENTEL / PASCUAL BEITIA, JUAN
Estamos en guerra. Una guerra declarada contra la proteína animal, alentada por activismos, ideologías y poderes no siempre tan inocentes como pretenden aparentar. Pero también, y sobre todo, una guerra por su abastecimiento global. Las potencias competirán por asegurarse el suministro: ninguna puede permitirse quedarse sin él. Mientras tanto, la demanda mundial de carne, pescado, huevos y leche alcanza máximos históricos, y Europa, paradójicamente, desmantela su cabaña ganadera y limita su producción pesquera. ¿El resultado Los alimentos se encarecen, y la proteína animal amenaza con convertirse en un lujo reservado a los ricos. La sociedad urbana ignora al campo y a sus gentes. Solo conoce a los animales a través de sus mascotas, a las que trata como miembros de la familia. Y desde esa desconexión, desprecia y ataca a ganaderos y pescadores, acusándolos de maltratadores, contaminadores y enemigos del planeta. Quiere que desaparezcan, al tiempo que protesta por los elevados precios de la proteína animal en el supermercado. ¿Cómo hemos llegado a esta contradicción suicida ¿Por qué perseguimos a las granjas ù