BOSSI, AGOSTINO / CECERE, PAOLO
«[à] las obras de Arquitectura, tanto las del pasado como las del presente, no son redundantes, no gritan para llamar la atención, ni vienen al mundo a crear o seguir modas. Ellas, sin la presunción de ser indestructibles, aspiran a perdurar en el tiempo, porque fueron construidas no sólo para acoger a los hombres, sino también para acoger la memoria de su pasado y hacerlo tangiblemente presente en su conciencia. Obras que envejecen cuanto más maravillan: no sólo en el corazón de los arquitectos, sino también en el de toda persona sensible al milagro de las piedras. Estas han permanecido quietas durante siglos donde las hábiles manos de los antiguos canteros y albañiles sabían cortarlas a la perfección, fijándolas firmemente entre sí. De esa fijeza inmóvil surgió el espacio en el que el fervor de la vida, el movimiento incesante de los cuerpos, el fluir de los acontecimientos, la existencia humana con todo lo que hay en ella de predecible e impredecible aún hoy encuentra la manera de manifestarse. A partir de esa materia sólida, compacta y absolutamente opaca comenzó a revelarse el espacio inmaterial, intang