Todo parece indicar que el Rector Hipocasto ha sido asesinado con raro ensañamiento. De su Corte de mandarines de bragueta floja, mendacescompulsivos, paletos con ínfulas, nacionalistas acharnegados,onanistas mentales, tiralevitas de pasillo, petimetres de riñonera yfeministas paniaguadas, forma parte un profesor universitario delmontón que nos narrará retrospectivamente la historia de ese crimen;pero también la de su propia y calamitosa vida. Su indignación ante la corrupción y el prevalimiento rectoral brota, sin embargo, de unapersonalidad no precisamente ejemplar; algo que revestirá de negracomicidad un relato sembrado de giros insospechados. Esta sátira nosinterpela sobre los usos y el papel de la Universidad en unaposmodernidad desnortada, donde el saber y la moral apenas encuentranacomodo y la política no ha podido caer más bajo. Sin embargo, latrama de corrupción que inducirá al crimen es también la ocasión paraacercarnos a la vida sentimental tanto de un joven doctorando gay,víctima de los desaforados deseos sexuales del viejo Rector; como deldocente narrador, cuyas cómicas desventuras eróticas aliv