Por culpa de las azarosas andanzas que ensombrecían las vidas dealgunos músicos de jazz ?demonizados, incomprendidos y, a menudo,asediados por el impío azote de las «buenas costumbres» burguesitas? y de otros adláteres de la farándula, abunda la tendencia, entrequienes nos legan sus memorias, a no bajar la guardia frente a lasociedad iempensante; lacra esta que, en no pocos casos, hace que lasautobiografías tiendan a ser poco sinceras cuando no pasto de la másatroz censura (como sucediera con las de Billie Holiday). Ellegendario pianista canadiense evita, con ejemplar solvencia, esteefecto edulcorado en su introspectiva y, a menudo reveladora,prepóstuma auditoría interna. Jugando a su antojo conla cronología cual solista en pleno trance improvisatorio, recorre ellargo camino hasta su consagración, pero con frecuencia desvía eldiscurso para trazar sentidas semblanzas de otros grandes del jazz ycompañeros de armas, o reflexionar sobre la política, el racismo y supropia vida. La carrera de Oscar Peterson abarca más de cinco décadas, tiempo en el que grabó más de un centenar de álbumes, y fuegalardonado con nume