¿Qué es el diseño? ¿Qué es investigar y qué es proyectar? ¿Puede un cartel publicitario explicar una ciudad mejor que un plano? ¿Puede la forma generar función? ¿Cuál es la función de una mesa? ¿Qué tienen en común Sontag, Banham, Mann, Nolli, Cassirer, Foucault, Goffman, Giedion, Okakura o Jane Fonda con los baños romanos, los hammams de Estambul o una sauna de catálogo? Durante más de seis décadas, Denise Scott Brown formuló preguntas como estas para transformar la manera de entender la arquitectura, el urbanismo y la enseñanza. Frente a los dogmas de la disciplina, sostuvo que era posible aprender de casi todas las cosas: de la cultura popular y sus artefactos, del cine y la publicidad, de la sociología y la antropología, de la literatura, el arte y el paisaje cotidiano; y que lo disfuncional debía ser funcional para alguien. Reivindicó la suspensión temporal del juicio para hacer observaciones más sensibles y tolerantes, atender a los patrones de vida, a los vínculos ùfísicos e intangiblesù y a la vitalidad desordenada de la ciudad como formas legítimas de conocimiento y como instrumentos