AA.VV
En ocasiones, entre prados y bosques, vislumbramos grandes piedras alzadas, unas veces en solitario, otras en círculo y otras formando cámaras. Durante siglos han captado nuestra atención, se han asociado a figuras mitológicas y se han denominado como casas o piedras de brujas, hadas o mouros. Estos monumentos son los trazos que quedan de esos primeros pueblos que, ya en el Neolítico, comenzaron a crear jerarquías y a apropiarse de territorios a través de las marcas de su poder, del enterramiento de sus gentes. Eran las primeras veces en las que el ser humano creaba un paisaje cultural marcado en piedra -aunque fuera precedido de una arquitectura más efímera, en madera-, guardando la memoria colectiva y transmitiendo un mensaje a sus vecinos.La arquitectura del megalitismo se extendió por gran parte de Europa, aunque con características distintas en la fachada atlántica y la mediterránea, y se alargó durante milenios, con construcciones y reutilizaciones incluso en la Edad del Bronce. Hoy, muchos de estos monumentos se han perdido, reutilizado como materiales de construcción, cristianizado med