La galleta maría Fontaneda fue una presencia permanente en las despensas, las televisiones y las radios de los hogares españoles del siglo xx. Redonda, la cenefa en el borde, su nombre en mayúsculas ocupando el centro. Un talismán capaz de invocar el recuerdo blando del recreo y la leche caliente de la merienda. De lo dulce, de lo infantil, del descanso. Aún hoy ocupa un lugar importante en el imaginario colectivo. Pero tras su forma familiar también se hallaba una cadena de trabajo silencioso y feminizado; la coreografía de gestos precisos de las galleteras que revisaban, alineaban y empaquetaban los dulces recién salidos del horno. Veinte años después del cierre de la histórica fábrica Fontaneda, Laura Sanz Corada, hija de una de aquellas galleteras, regresa a Aguilar de Campoo para adentrarse en el archivo industrial y familiar. Desde allí reconstruye la memoria del territorio y traza el retrato colectivo de una generación de mujeres que comenzaron a trabajar siendo prácticamente niñas, que crecieron junto a las cintas de envasado y vivieron como un duelo la venta de la fábrica a una multinac