En diciembre de 1936, un escritor inglés desgarbado y con aires aristocráticos desembarca en Barcelona y encuentra una ciudad en plena revolución. Lo que Orwell vino a ver como periodista lo acabó viviendo como miliciano, y lo que vivió como miliciano lo transformó para siempre como pensador. La historia se detuvo en 1936 reúne los textos en los que Orwell da cuenta de esa transformación: artículos de combate, notas de campo, reflexiones maduras escritas con la distancia del desengaño. La experiencia española le reveló a Orwell algo más perturbador que la crueldad y el encarnizamiento propio de la guerra, puso ante sus ojos la falsificación sistemática de la realidad. Participó en batallas que los periódicos ocultaron, y vio publicadas grandes victorias que nunca ocurrieron. Vio a camaradas convertidos en traidores por decreto y a héroes inventados para consumo de la retaguardia. Comprendió entonces que el totalitarismo no es estrictamente un régimen político, sino una tecnología del lenguaje con la que controlar el pensamiento: su arma definitiva no son las balas, sino la mentira sistemática e