Una historia poblada por dioses -con d minusculísima: clase mediaempobrecida- que ven pasar la vida en alienantes pantallas y seemocionan aplaudiendo a sanitarios desde sus balcones pero cuyocorazón ni muta ni se inmuta cuando atisban el crujir del latido delos ahogados. También hay ahogados migrantes en esta historia. A veces los asesina la policía. Y siempre los asesina la indiferencia de losdioses aterrados. Julio también tiene miedo, pero ha elegido quedarseen el lado incorrecto de la historia y su verbo -corazón de Okónkolo-escupe a los dioses y abraza a los ahogados. Pobre, pero contento.